martes, 9 de marzo de 2010

Sobre la medición del tiempo.

El famoso Reloj Astronómico del Ayuntamiento de la Ciudad Vieja de Praga, construido en 1410, y con añadidos hacia 1490.


En el mundo rural el principio de la jornada está marcado por la salida del Sol, y la puesta del mismo marca su final. El día está marcado por un tiempo de actividad (Con luz) y un tiempo de reposo.

En la ciudad las cosas no son muy diferentes. La precariedad de la iluminación, y el peligro de los incendios, hacen que los gremios prohíban a los artesanos el trabajar de noche. No existe iluminación pública, y las amas de casa aprovechan la oscuridad para echar la basura a la calle. Al amanecer se soltarán los cerdos del ayuntamiento o de la comunidad, para que coman la basura limpiando las calles.

La noche (...) es un tiempo muerto, donde pululan malas gentes, como los borrachos de taberna, los ladrones y bandidos o los que tienen tratos con el Diablo.

Existen dos maneras de medir el tiempo. Una de ellas es el llamado "tiempo de Dios". El día se divide en ocho grupos de tres horas,de acuerdo con los rezos de los monjes y marcados con el toque de las campanas: Maitines, a medianoche. Laudes, a las 3 h. Prima, a las 6 h. Tertia, a las 9 h. Sexta, a las 12 h. Nona, a las 15 h. Vísperas, a las 18 h. Completas, a las 21 h.

La otra manera de medir el tiempo se realizaba con los relojes de sol, y los (Muy raros) relojes de pesas y campanas. Era el llamado "tiempo de los hombres": Veinticuatro divisiones de una hora cada una.


Ricard Ibáñez, "Aquelarre", Editorial Joc Internacional, 1990. Un fragmento que me permito coger prestado: A las cosas bien explicadas cuesta cambiarles siquiera una coma.