miércoles, 3 de febrero de 2010

Viena (01).

Existe en Viena una casa llena de cuernos de animales. Está situada en la angosta Schulerstrasse, una de las calles más viejas de la ciudad, que baja hasta el baluarte de los dominicos y, luego, hasta el puente, cruzando el brazo del Danubio que rodeó desde siempre el norte y el Este de Viena.
Detrás de esa rara casa se agazapa una especie de fortaleza horadada por muchas puertecillas, una mole oscura y altanera constituida por casas encajadas unas en otras, con muros de dos o tres metros de espesor, y cuyos blasones recuerdan el pasado más lejano de la ciudad. Con sus contrafuertes de piedra gris, sus altos mojones caídos, que yacen acá y acullá, apoyados en las murallas (Algunos son de tiempos de los romanos), sus verjas de hierro ecotado, sus adoquines cuadrados, una reguera en el centro, una sombra fría, se trata de la Blutgasse, la "callejuela de la sangre". Toda esa fachada de la casa de los cuernos saturnianos está inmersa en una densa atmósfera de pasiones, de asesinatos y de fantasmas. Trampillas y escaleras dan a los patios: Una lámpara arde en un altar que aún lleva una cruz de Malta, una lámpara como para apartar los sortilegios, al fondo, con flores y una imagen de la Virgen. Pero los siete patios fríos, rodeados por escaleras de piedra y corredores abovedados como claustros, parecen inaccesibles a todo arrepentimiento de aquello que presenciaron.


Vista de Viena del Schedelsche Weltchronik, 1492.


(...) Cuando la casa de los cuernos era aún un beneficio eclesiástico, era la poderosa Orden del Temple la que tenía allí su corte, su sede y su santuario. En los subterráneos se yerguen aún, a lo largo de los muros, tapas de sarcófagos donde la Cruz, esculpida en piedra, se encuentra encima de la efigie del Pilar de la Orden: La cruz de los Templarios, que no es ni ancorada ni resarcelada, sino que desciende de la cruz ofidia. En sus viejas representaciones, cada brazo de la cruz se divide en dos cabezas de serpiente de perfil con la lengua fuera.
(...) Para volver a cristianizar aquel lugar en que, sin duda alguna, se habían celebrado cultos paganos venidos de Asia, se edificó sobre los sótanos impuros, en el emplazamiento de la casa de los Templarios, una columna llamada "Columna de San Juan", pues los bienes de los monjes soldados habían sido entregados a la Orden de San Juan de Jerusalén, según la ley.
La callejuela ha conservado su aspecto siniestro. En la esquina con la Singerstrasse puede verse a veces, en los atardeceres de niebla, cómo el conde de Leiningen y el caballero Kranich, decapitados, siguen persiguiéndose por entre los muros ciegos. Un fantasma de mujer dicen que pasa también por allí, el de una mujer muerta de muerte violenta o el de la que le dió muerte.

Valentine Penrose, "La Condesa Sangrienta".